Ingreso de niños a la escuela primaria

miércoles, 9 de marzo de 2016

Vanetty Molinero Educadora Exdirectora de Educación Inicial del Ministerio de Educación


EL PERUANO. Aunque parezca exagerada, esta situación es real. Existen padres tan preocupados por este tema que hasta llegan al extremo de querer alterar el proceso natural de gestación. Otros actúan en complicidad con la institución educativa para hacer asistir a sus hijos a un aula que no les corresponde, y como su matrícula no puede ser registrada en el sistema porque no tienen la edad, y por tanto no es oficial, luego demandan que el Estado les reconozca a sus hijos la educación recibida. ¿Por qué en algunos padres hay tanta preocupación por un ingreso temprano a la educación primaria?

Desde 2009 existe una norma técnica, emitida por el Ministerio de Educación, que establece que los niños solo pueden ingresar al primer grado si hasta el 31 de marzo de dicho año tienen los 6 años cumplidos. Siendo así, algunos padres cuyos hijos cumplen los 6 años luego de esa fecha asumen que sus hijos “perderán un año” y se “atrasarán” en relación con los otros niños. No logran comprender el sustento técnico de la norma. Mientras, los expertos en desarrollo infantil señalan que la edad para comenzar el primer grado debería ser a los 7 años, que es una edad en la que los niños adquieren un mejor desarrollo mental y emocional para lidiar con los aprendizajes que plantea el primer grado de primaria.

Ingreso de niños a la escuela primaria

Todo sistema educativo tiene que establecer cortes para regular las edades correspondientes a cada nivel educativo. Las normas establecen límites y esa es su razón de ser. Así como hay una edad para ingresar a la primaria, también hay una edad para ejercer el derecho al voto, para beber bebidas alcohólicas, para ser congresista, etcétera. Todo corte se hace con un sustento técnico. No es arbitrario. Y cuando se hace un corte, siempre hay quienes están dentro y quienes están fuera. Si el corte fuera el 30 de junio, o el 31 de julio, igual habría padres que demandarían que la fecha se extienda porque quieren que sus hijos ingresen a la primaria lo más pronto posible. No es que cambiando la fecha se soluciona el problema. En 2011, cuando aún no se había instalado un mecanismo que impidiera la matrícula de los niños que no tuvieran la edad establecida, encontramos niños que cursaban el primer grado cumpliendo los 6 años incluso en noviembre. Ese año, un 13% de los niños matriculados en el primer grado tenían 5 años o menos de edad.

¿Qué hace entonces que algunos padres busquen apresurar el ingreso de sus hijos a la educación primaria, a pesar de toda la evidencia que existe y que nos indica que no es lo mejor?
Una reflexión que plantea Carlos Skliar, investigador argentino, es que si vemos la infancia en la línea del tiempo de la vida, esta se percibe como una etapa temporal, y que cuanto más rápido se salga de ella va a ser mejor. En esa línea de tiempo percibimos la adultez como la plenitud, por lo que queremos que los niños se conviertan lo más rápido en adultos y hacemos todos los esfuerzos para ello. Esfuerzos para que caminen pronto, para que dejen los pañales rápido, para que lean a los 5 años, etcétera.

Nuestra mirada está tan colocada en el futuro porque no solo queremos que ingresen lo más pronto a la primaria, sino también a la universidad, que terminamos olvidando su presente y suprimiendo el aquí y el ahora, que es el único tiempo con el que contamos, porque el futuro es un tiempo que todavía no existe.

Si nuestra mirada está puesta en el adulto que queremos que sea nuestro hijo, su infancia está perdida, y le estamos robando una de las etapas más importantes de la vida. Lo que tenemos que hacer es mirar a ese niño por lo que es ahora, y hacer que esta etapa dure el tiempo que tenga que durar porque nunca más volverá. Y para eso los jardines de educación inicial tienen un enorme desafío: convertirse verdaderamente en espacios pensados para la infancia, y no en espacios que “escolaricen” tempranamente a los niños para responder a las expectativas de los padres.

“Les estamos robando a nuestros hijos una de las etapas más importantes de la vida”.

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