Una buena educación como obsesión

sábado, 26 de marzo de 2016

EL COMERCIO. Hace un par de semanas se conocieron los resultados de las evaluaciones censales de estudiantes de colegios públicos y privados del país en el 2015. La buena noticia es que la mejora en educación primaria ha continuado y que la mitad de nuestros niños en segundo grado alcanzan ya el nivel satisfactorio en comprensión lectora.

Los claros avances de mediano plazo resaltan al comparar esta cifra con un pálido 16% de comprensión adecuada en la primera prueba realizada el 2007. Los progresos en matemáticas son más lentos. Actualmente 27% de los niños dominan las competencias numéricas de manera satisfactoria, aunque este porcentaje era solo de 7% en el 2007.

Una buena educación como obsesión

En esta oportunidad, por primera vez, se realizó una evaluación a todos los estudiantes de segundo año de secundaria, lo cual servirá como una línea de base inicial para cuantificar las mejoras urgentes que se necesitan en este nivel educativo. Solo 15% de los adolescentes de este grado alcanzan un rendimiento satisfactorio en comprensión lectora y 10% en uso de competencias numéricas. Estos resultados nos dan una idea cabal de lo mucho que queda por hacer todavía.

Esa misma semana, fuimos anfitriones de dos importantes eventos en donde el ministro Jaime Saavedra acuñó la frase de “educación como obsesión”. En el primer seminario, la OCDE, asociación que congrega a todos los países desarrollados y algunos emergentes, sugirió que el Perú debe persistir en el buen camino empezado en el sector educación con más reformas y recursos. De otro modo, el riesgo de estancarnos en la trampa del ingreso medio es elevado.

En el segundo evento, la Conferencia Anual de la GDN (Global Development Network) coorganizada con Grade y el Ministerio de Educación, congregamos a alrededor de 400 participantes de más de 50 países especialistas en investigación y políticas de desarrollo, en particular en el tema educativo. Durante dos días intensos de presentaciones y debates quedó claro que la inversión educativa de calidad debe empezar desde el nivel inicial, formación que, realizada profesionalmente, genera grandes retornos permanentes para los niños y el país como un todo.

Asimismo, las intervenciones en la educación básica regular deben tener como eje fundamental al personal docente de calidad. Por ejemplo, en secundaria es poco lo que se puede lograr con maestros que no son especialistas en su materia. En el caso de la educación superior, todos los países en desarrollo enfrentan el reto de promover una educación universitaria y técnica de calidad y alta empleabilidad. Los sistemas de información, licenciamiento y acreditación van en esa línea.

En un célebre discurso hace diez años en la Universidad del Pacífico, Gastón Acurio ofreció una visión del desarrollo de la gastronomía peruana y su conquista del mundo que, por entonces, pareció muy ambiciosa y poco realista. En el panel de la OCDE recordábamos con él que prácticamente todo lo dicho se hizo realidad, porque hubo la aspiración y voluntad de toda una generación de cocineros. Lo mismo puede suceder con la educación, si todos nos convencemos de que es un mecanismo indispensable para alcanzar finalmente nuestro desarrollo económico y la anhelada igualdad de oportunidades.

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