Cambios necesarios en la docencia peruana

martes, 22 de marzo de 2016

EL PERUANO/JOSÉ LINARES GALLO. Las secuelas de este boom se evidencian en la existencia de decenas de miles de docentes egresados que no aplican su profesión y en la deficiente calidad con la que egresan. Hugo Díaz, por lo pronto, expresa que 170, 000 maestros “postulan a cuanto concurso de contrato o nombramiento se organiza”.

Y respecto a la calidad con la que son formados, Díaz revela que en evaluación realizada en 2013 los estudiantes de los institutos superiores pedagógicos públicos que concluían la carrera mostraban graves deficiencias. En matemática el 74% tuvo el más bajo desempeño y en el área de comunicación solo el 8.1% registró desempeño suficiente.

Cambios necesarios en la docencia peruana

Es cierto que son muchos los factores concurrentes en la calidad de la educación. El clima educativo en el hogar y la buena alimentación son factores claves. Pero es obvio que aun en el mejor de los mundos ninguna sociedad progresa con docentes deficientes.

Nuestros médicos, con las grandes limitaciones instrumentales, las inhumanas jornadas de trabajo y sus bajas remuneraciones, siguen haciendo su trabajo de manera aceptable. ¿Podemos decir lo mismo de nuestros docentes?

Pareciera que no y esto fundamentalmente es por el hecho que para ser médico hay que tener inevitablemente vocación, ya que contando el tiempo que dura el internado, el Serum y la residencia, es una carrera de largo aliento que exige constancia y estoicismo que solo la vocación proveen. En la docencia, en cambio, un riguroso estudio efectuado por la Pontificia Universidad Católica del Perú mostraba que menos del 50% de docentes tenía vocación por la enseñanza.

En este clima donde el exceso de la oferta de docentes es un rasgo y la devaluación de su aporte social es otro, es casi inevitable que el Estado –aplicando la racionalidad o los principios de mercado– mantenga a raya sus remuneraciones. Pero aquí pagan justos por pecadores. Y bajo este clima no hay esperanza alguna.

En consecuencia, el nuevo gobierno no solo deberá pisar el acelerador para incorporar a la carrera magisterial a cuanto docente lo merezca, sino que debe anunciar que la carrera docente es una profesión abierta a todas las especialidades: ingenieros, economistas, historiadores, etcétera. El Estado, después de todo, debe estar enfocado en proveer al niño lo mejor de su sociedad y no únicamente proporcionar plazas a los docentes.

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