Apostemos por educación y trabajo en las cárceles

viernes, 25 de marzo de 2016

EL PERUANO. ¿Qué debe hacer el Estado con una persona que ha delinquido y se encuentra recluida en un penal? ¿Qué tratamiento debe dársele mientras purga condena? Esas son preguntas que los ciudadanos de a pie suelen contestar con propuestas no tan positivas.

Muchas de sus respuestas están ligadas a recuerdos no gratos, por haber sido víctimas de la delincuencia o por el accionar indirecto sobre sus familiares a quienes hicieron vivir momentos de tristeza y dolor. La impunidad con la que actuaron aún les indigna y resiente.


Apostemos por educación y trabajo en las cárceles

Por ello, no debemos extrañarnos que de vez en cuando aparezcan líderes que encuentran terreno fértil para sembrar propuestas que van desde un trato represivo en las cárceles hasta la misma pena de muerte.

Este es todo un desafío para el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe), órgano ejecutor del sector Justicia, el cual establece la política a seguir con esta población que hoy sobrepasa las 70,000 personas en los 67 penales a escala nacional.

La respuesta que nos dan al unísono los especialistas penitenciarios es que el tratamiento que se debe aplicar a los internos siempre está basado en la educación y el trabajo. Solo así veremos un cambio de conducta verdadero.

Y es así que desde el nacimiento del Inpe, hace 31 años, los educadores, abogados, trabajadores sociales, médicos y psicólogos han llegado a la conclusión de que el paradigma de la resocialización es el camino más seguro en el tratamiento de aquellos que la sociedad señala como “los intratables”. No basta solo encerrarlos en cuatro paredes.

Las organizaciones civiles que trabajan con internos deben considerar este enfoque, pues finalmente lo que se busca es devolverlos a la sociedad para que interactúen nuevamente con ella.

Por ello, es bueno que la comunidad confíe y respalde la manera como los profesionales penitenciarios vienen desarrollando su trabajo. No con base en la improvisación o al enfoque personalista de la autoridad del momento, sino más bien apoyada en un cuerpo doctrinal y científico que conoce el comportamiento humano y su modificación positiva.

Otras formas particulares de tratamiento penitenciario en las que se utiliza el trabajo forzado, el castigo físico, la represión y las hostilidades en los penales son inapropiados e inútiles. Recordemos lo hecho por alguna autoridad castrense en algún penal que dispuso rapar y obligar a los reclusos a realizar ejercicios físicos, pues, en su opinión personal, esa era la manera de tratarlos.

El cambio de conducta de los internos debe nacer del compromiso consciente de estos con el tratamiento que reciben a diario de los profesionales penitenciarios. Solo promoviendo el estudio y el trabajo lograremos resocializar a los reclusos, ese es el trato que la sociedad debe darles si quiere ver frutos en un futuro cercano.

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